La huella hídrica de los edificios: diseñar y construir con responsabilidad

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Cuando hablamos de sostenibilidad en arquitectura, solemos centrarnos en la eficiencia energética, los materiales de bajo impacto ambiental o la reducción de emisiones de CO₂. Sin embargo, existe una variable igualmente importante que, en ocasiones, pasa desapercibida: la huella hídrica de los edificios.
La huella hídrica es el volumen total de agua dulce utilizada directa e indirectamente a lo largo del ciclo de vida de un proyecto y, por lo tanto, un indicador clave para afrontar los retos ambientales del sector de la construcción.
Desde la extracción de las materias primas, pasando por los procesos industriales, la ejecución de obra, la vida útil del edificio y su demolición o reutilización, cada fase implica consumos de agua que rara vez se cuantifican de forma global. Arquitectos y arquitectos técnicos tienen, por tanto, un papel esencial tanto en el diseño como en la ejecución para reducir este impacto.
Los profesionales de la Arquitectura tienen la capacidad de condicionar de forma decisiva la huella hídrica de un edificio desde las primeras fases de diseño. La elección de sistemas constructivos, la definición de la envolvente, el tipo de estructura o la selección de materiales determinan no solo el comportamiento energético del edificio, sino también el volumen de agua incorporada a lo largo de su ciclo de vida.
Así, materiales como la madera presentan, en términos generales, una huella hídrica menor que otros sistemas más intensivos en agua, como el hormigón.
Además, el diseño arquitectónico permite anticipar estrategias para reducir el consumo de agua durante el uso del edificio. La previsión de sistemas de reutilización de aguas grises, la recogida de agua de lluvia o la adecuación del proyecto a un uso racional de este recurso son decisiones que, cuando se incorporan desde el inicio, resultan técnica y económicamente más viables. En este sentido, el ecodiseño hídrico propone analizar no solo el consumo durante el uso del edificio, sino también el agua necesaria para fabricar, transportar y mantener cada componente.
Si el proyecto define el potencial de reducción de la huella hídrica, es en la fase de ejecución donde se fundamenta. Aquí, el arquitecto técnico desempeña un papel fundamental en la gestión eficiente del recurso hídrico.
La construcción tradicional es intensiva en consumo de agua: curados, mezclas, limpiezas, acopios y procesos auxiliares forman parte del día a día de una obra convencional. Frente a ello, la arquitectura técnica puede impulsar soluciones basadas en sistemas industrializados y construcción en seco, que reducen significativamente el consumo de agua in situ, además de disminuir residuos.

Cultura del agua
La huella hídrica de un edificio no termina con la finalización de la obra. Durante su vida útil, existe un consumo asociado al uso cotidiano, al mantenimiento y a las posibles rehabilitaciones. En este punto, arquitecto y arquitecto técnico comparten la responsabilidad de proyectar edificios eficientes y fáciles de mantener, donde el uso racional del agua forme parte del funcionamiento habitual.
Más allá de las soluciones técnicas, resulta imprescindible promover una cultura del agua en el sector de la edificación. La concienciación de agentes y ciudadanos es fundamental para que las estrategias de reducción de la huella hídrica se integren como un criterio más de calidad arquitectónica.

 

 

 

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