La formación continua ha dejado se ha convertido en una parte esencial de la carrera de cualquier arquitecto o arquitecto técnico. Los constantes cambios normativos, la transformación digital, la incorporación de nuevas metodologías de trabajo y la creciente especialización del sector hacen que el aprendizaje no termine al obtener el título universitario. Al contrario, comienza una nueva etapa en la que la actualización y el reciclaje de conocimientos y experiencias es clave para seguir siendo competitivo.
Sin embargo, nunca antes había existido una oferta formativa tan amplia. Cursos presenciales y online, másteres, certificaciones o programas especializados compiten por captar la atención de los profesionales. Esta “abundancia lectiva”, lejos de facilitar la elección, puede generar el efecto contrario: la sensación de que siempre hay una formación mejor, más completa o más actual. Es por ello cada vez más importante aprender a seleccionar qué estudiar.
Antes de matricularse o inscribirse en cualquier curso o máster conviene hacerse una pregunta: ¿para qué quiero realizar esta formación? Por que no es lo mismo buscar una actualización sobre una normativa reciente que querer orientar la carrera hacia, por ejemplo, la rehabilitación energética, el cálculo de estructuras o el urbanismo.
Definir el propósito ayuda a descartar propuestas interesantes, pero poco útiles para una situación profesional concreta. Una formación adecuada debe responder a las necesidades reales del momento.
Además, conviene pensar en el medio y largo plazo. La formación más rentable suele ser aquella que permite desarrollar competencias y que seguirá aportando valor dentro de unos años, en lugar de responder únicamente a una tendencia o moda pasajera.
Cómo evaluar la calidad de una formación
El prestigio de una escuela puede ser un buen punto de partida, pero no debería ser el único criterio de decisión. Es recomendable revisar con atención el programa para comprobar si los contenidos son actuales, idóneos para la capacitación de cada uno y tienen una aplicación práctica. También merece la pena conocer quién forma parte del profesorado. Docentes con experiencia académica pero que a su vez son profesionales en activo suele enriquecer los contenidos, ya que aporta una visión conectada con la realidad del sector.
Otro aspecto relevante es la metodología. La arquitectura y la arquitectura técnica son disciplinas eminentemente prácticas, por lo que las formaciones que incluyen casos reales, resolución de problemas, talleres o proyectos suelen favorecer una mayor comprensión y bagaje profesional.
También conviene valorar el tiempo disponible. Un máster puede ser una excelente inversión, pero no siempre es compatible con la carga de trabajo o las responsabilidades personales. En ocasiones, una serie de cursos especializados permite avanzar de una forma más flexible y adaptada al ritmo de cada profesional.
Por otra parte, hay que tener cuidado con la sobreinformación. Internet ha democratizado el acceso al conocimiento, pero también ha multiplicado el ruido. Redes sociales, plataformas educativas, y publicidad constante pueden transmitir la sensación de que siempre existe una nueva habilidad imprescindible que aprender.
Diferenciar las tendencias de las necesidades reales
El sector de la edificación evoluciona constantemente y aparecen nuevas herramientas, tecnologías y metodologías. La digitalización, la metodología BIM, la construcción industrializada, la sostenibilidad, la eficiencia energética, la rehabilitación del parque edificado o la aplicación de la inteligencia artificial a determinados procesos ya forman parte de la realidad del sector y previsiblemente seguirán ganando relevancia durante los próximos años.
En cambio, otras propuestas formativas generan una gran expectación inicial, pero terminan teniendo un impacto reducido en la práctica diaria. Antes de invertir tiempo y recursos en una especialización conviene analizar si responde a una necesidad creciente del mercado, si existe demanda por parte de clientes y empresas y si complementa el perfil profesional.
Elegir bien la formación, en definitiva, no significa seguir todas las novedades que aparecen en el mercado, sino en elaborar un plan de aprendizaje coherente con los objetivos profesionales, las necesidades del sector y el propio proyecto de carrera de un arquitecto y arquitecto técnico.
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