Las ciudades de asfalto y hormigón, compartimentadas y divididas cada vez más son “cosas del pasado”. El diseño urbano avanza y ahora prima una concepción más resiliente, verde, conectada y sostenible. Esta tendencia tiene como foco la integración de la naturaleza en el entorno urbano para responder a los desafíos del cambio climático, reduciendo su impacto en la vida de las personas. Hablamos del concepto de Infraestructura Verde: un sistema planificado de zonas naturales y seminaturales diseñado para fomentar la biodiversidad y mejorar la salud de los ciudadanos.
Esta idea es especialmente visible en los nuevos PAU (Programas de Actuación Urbanística). En proyectos de gran escala, como los que se desarrollan actualmente en el sureste de Madrid —Valdecarros, Los Berrocales o Los Ahijones—, el paisajismo va más allá de una idea tradicional vinculada a la jardinería para convertirse en el eje vertebrador del diseño, cumpliendo con la Taxonomía Verde europea y los estándares de resiliencia climática.
Barrios que conectan: pasillos verdes
En los nuevos PAU, el diseño ya no se centra en los bloques de viviendas, organizados en pulcras manzanas, sino en la red de espacios libres. Se proyectan corredores ecológicos, pasillos verden, que conectan el interior de las ciudades con parques regionales o zonas forestales. De esta manera se evita la fragmentación del ecosistema local, se fomenta la biodiversidad y se permitir el movimiento de la fauna local. Además, se posibilita una mayor conexión de la persona con la naturaleza, mejorando su salud física y mental.
Para el profesional de la edificación –arquitecto, arquitecto técnico e ingeniero–, esto implica un cambio tanto a la hora de pensar como de diseñar las ciudades, priorizando esta renaturalización de los espacios públicos mediante el uso de especies autóctonas que requieren menor mantenimiento y contribuyen a mejorar los ecosistemas urbanos.
Gestión del agua: los sistemas de drenaje sostenible (SUDS)
Uno de los cambios más drásticos (y necesarios) en el urbanismo actual es la obligación de gestionar el agua de lluvia en origen. Las constantes crisis hidráulicas a las que se verán sometidas las ciudades, así como el aumento de la población en estos núcleos hace imprescindible replantearse la gestión de un recurso como el agua.
A través de cunetas vegetadas y pozos de infiltración, el agua se filtra en el propio terreno del PAU, recargando los acuíferos. Además, se diseñan tanques de tormenta naturalizados, es decir, espacios que habitualmente funcionan como parques pero que, ante lluvias extremas, actúan como balsas de retención temporal. Ejemplos como los previstos en Madrid Nuevo Norte demuestran que el uso de pavimentos drenantes avanzados y zonas de biorremediación son ya requisitos técnicos indispensables en la redacción de proyectos.
Mitigación del efecto "isla de calor"
Uno de los principales efectos del calentamiento global en el entorno urbano es el llamado efecto “isla de calor”. El pavimento, los edificios y las infraestructuras acumulan el calor e incrementan la temperatura exterior varios grados. Este problema lo estamos observando en los centros históricos de las ciudades, pero también en los nuevos PAU. La aplicación de estrategias basadas en el paisajismo técnico pueden contribuir a la mitigación de este efecto: por un lado, mediante el sombreado de viales, planificando alineaciones de arbolado de hoja caduca que protegen en verano pero permiten el paso del sol en invierno. Por otro lado, sustituyendo el asfalto continuo por pavimentos permeables que no absorben tanto calor y permiten que el suelo "sude", bajando la temperatura ambiental del barrio.
Estas medidas, sumadas a la renaturalización de los espacios, son poderosas herramientas para mejorar la vida en las ciudades.
El reto de la "losa técnica"
Muchos PAU modernos integran infraestructuras de transporte soterradas, lo que genera un reto directo para arquitectos y arquitectos técnicos: el diseño sobre losa técnica. Es el caso del futuro Parque Central sobre las vías de Chamartín o el Parc del Camí Comtal en Barcelona.
Construir un parque sobre hormigón exige calcular espesores de tierra, tener presente la acción y gestión del agua, y optar por una selección botánica adecuada a las necesidades del proyecto.
Competencias profesionales, para un futuro más verde
Como hemos señalado anteriormente, estos retos requieren de un cambio de mentalidad, pero también de nuevos conocimientos técnicos que permitan hacer viable el proyecto. Entre las nuevas competencias profesionales que debe abordar el profesional de la edificación están:
- Edafología e hidrología urbana: Es esencial entender la composición del suelo y diseñar niveles que favorezcan el drenaje natural.
- Normativa y certificaciones: Conocer los indicadores de biodiversidad exigidos para obtener licencias y certificaciones como WELL o el sello VERDE de GBCE.
- Digitalización (LIM): El uso de herramientas BIM se extiende al LIM (Landscape Information Modeling) para gestionar el mantenimiento y el ciclo de vida de estos espacios vivos.
El futuro de las ciudades pasa por una concepción más verde y social de los espacios y ofrece nuevas e interesantes posibilidades laborales para los arquitectos y arquitectos técnicos, que podrán poner su “granito de arena” para un mañana mejor.